- Siete cocineros de nivel internacional elaboraron en directo los pinchos de las regiones del Camino de Santiago
- Cientos de personas participan en el primer ‘Show Cooking’ de Logroño
El Centro de la Cultura del Rioja se convirtió ayer en una gran (y concurrida) plaza de ese diseño sencillo, pero sorprendente, para hacer de marco ideal para una colección de tapas en la misma dirección.
Cinco estrellas Michelín, siete soles Repsol y un premio al mejor repostero de España, sacaron los utensilios de cocina para dar forma a una performance gastronómica de alto nivel para los paladares riojanos, con el hilo conductor del Camino de Santiago: el protagonismo para esos productos procedentes de las regiones del Camino, pero con el toque personal de cada cocinero. Y toda la preparación, en riguroso directo.
La iniciativa se llamó ‘Show Cooking’, y es la primera vez que se pudo ver algo así en Logroño. Los hermanos Echapresto la pusieron en marcha, en una mezcla de celebración del quince aniversario de la Venta Moncalvillo, de su estrella Michelín, y de que Logroño es Capital Española de la Gastronomía. «Responde a la inquietud de hacer algo distinto para la gente de Logroño, y era el momento ideal de juntar a varios amigos para disfrutar de la gastronomía», comentaba Carlos Echapresto. Amigos, eso sí, de la talla de Francis Paniego, Pepe Solla (Restaurante Solla, en Pontevedra), Juanjo Pérez (Cocinandos, León), Enrique Martínez (Maher, en Cintruénigo), David Fernández (Las Torres, Huesca) y el pastelero de Viena Juan Ángel Rodrigálvarez.
«Este año representa una gran oportunidad para La Rioja, y creo que la apuesta por la gastronomía ya está dando sus frutos y generando una imagen de marca; iniciativas como ésta ayudan a eso», opinaba Paniego, mientras preparaba unas sorprendentes espumas de queso con manzana y tomate. En parecidos términos se manifestaba Rodrigo Sánchez, cocinero del restaurante Maher, quien ve óptimo «apostar por eventos en los que acercamos los restaurantes al público, y podemos interactuar, que vean cómo trabajamos, compartir impresiones». Suyo era el cubo de foie con melocotón asado, rocas de cacao y brotes silvestres.
La sesión tenía la mecánica de los siete stands con pinchos, a los que el público se iba acercando libremente a degustar. En total, catorce pinchos, aparte de los citados, otros como las endivias con hongos y vinagretas de azafrán de los Echapresto, el ternasco de David Fernández, o el bonito de Burela en Escabeche al momento de Pepe Solla; todo ello regado con el vino de cinco bodegas logroñesas y la cerveza de Mateo & Bernabé. Y para acabar, los postres de Rodrigálvarez, que ofrecían «una situación de sorpresa por el color, la forma y el contraste de sensaciones», prometía el pastelero sobre sus trufas rellenas de garnacha y la esferificación con teja de vino.
El otro nexo fue la apuesta por la innovación, dentro de la sencillez: «Tiene que destacar sobre todo el producto, pero hay que darle una vueltecita», apuntaba Solla sobre su marisco; apoyado por el leonés Pérez Robredo, con su botillo: «Importante traer cosas sencillitas, pero que a la vez sorprendan, que no sean lo que la gente come en su casa». Una cena para ochenta personas en el Carlton cerró una jornada que dejó a todos con el estómago lleno de delicatessen… y de ganas de más.
Fuente: http://www.elcorreo.com/